jueves, 30 de abril de 2026

1 DE MAYO: PAZ, TECHO Y VIDA DIGNA.

 QUEREMOS GANAR EL DERECHO DE VIVIR EN PAZ.

En este Primero de Mayo, ante la grave situación que padecemos en la que el fascismo y la guerra
amenazan y agreden a cada vez a más pueblos, Izquierda Unida envía un mensaje claro a la clase trabajadora de todo el mundo: queremos ganar el derecho de vivir en paz en todas las casas, el derecho de vivir en paz para todos los pueblos. Dicho de otra manera, el derecho a una casa en paz, a una patria en paz y a un planeta en paz para la Humanidad, toda.

La paz es, en primer lugar, tener una casa, un hogar digno, sin miedo al fin de un contrato que debiera ser indefinido, como indefinida es la necesidad, sin miedo a un desahucio y sin miedo a no tener alternativa habitacional. Esto solo puede lograrse si la manera principal de acceder a la vivienda es a través de la intervención pública y que esta sea un bien de uso, distribuido democráticamente, y no un valor de cambio, usado especulativamente.

La paz es también trabajo digno y estable, trabajo con derechos, con desarrollo profesional y sentido social que provoque sentir honor y orgullo. Trabajo para vivir y no vivir para trabajar. Tenemos que volver a la carga, con más fuerza, en la calle y en el Parlamento, reducir la jornada laboral sin reducir salarios, que deben subir, como mínimo, al compás que suben los precios. La paz es más tiempo para disfrutar de la vida. La paz es una justicia ágil en el ámbito laboral para que los avances laborales conseguidos no queden en papel mojado, como en otras ocasiones. La paz también es no vivir bajo la amenaza y el miedo a la pérdida del trabajo. Debemos acabar con el despido libre y barato y luchar para que, en el caso de darse, si no hay alternativas, existan medidas que restauren el daño.

La paz es que las mujeres vivamos sin maltrato, sin acoso, sin agresiones y sin la amenaza constante de la violencia. La paz es la igualdad real que nos permite desarrollar todas nuestras capacidades, decidir sobre nuestros cuerpos y ejercer plenamente nuestros derechos. Reconocernos no como víctimas pasivas, sino como protagonistas indispensables: quienes sostienen, construyen y transforman la vida en comunidad. Sin nosotras, la paz no existe. La paz es la lucha contra la precarización de los sectores feminizados, como la lucha por una educación de 0 a 3 años, la del sector de los cuidados o las kellys.

La paz es que la juventud trabajadora crezca con libertad y esperanza sabiendo que su esfuerzo y su trabajo es la base de una vida adulta digna y no un calvario hacia un futuro incierto

La paz son servicios e infraestructuras públicas, fiables y seguras. Sanidad, educación, transporte público, pero también empresas públicas estratégicas que aseguren, sin más interés que el bienestar de la sociedad, la energía, el alimento, el crédito, las comunicaciones, los cuidados y la salud. No olvidamos la crisis de las mascarillas y los pelotazos en medio de la pandemia.

La paz es envejecer con dignidad, con pensiones y cuidados públicos y suficientes, sin tener que malvender tu casa a los mismos buitres que pretenden privatizarlos todo para afrontar los últimos años de tu vida. También para quienes padecen una discapacidad y para quienes necesitan atención a su diversidad.

La paz es un planeta sano y vivo en el que pongamos freno a la crisis climática. Es planificación y organización para prevenir los daños antes de las posibles catástrofes para que nunca más una DANA se lleve la vida de tantas y de tantos. Es descarbonizar, descontaminar, reducir, reciclar y reutilizar. Es combatir el despilfarro, el derroche y el desperdicio al que nos aboca el capitalismo.

La paz es la democracia y el respeto a las decisiones colectivas tomadas, sin bulos ni manipulaciones, sin ley del más fuerte y sin la imposición por la vía de la fuerza. El desarme frente a la carrera armamentística. Un sistema de seguridad humana y colectiva frente a la OTAN, herramienta de dominación del imperialismo yanki, y la salida del Ejército de EE. UU.  de España y de Europa.

La paz es el respeto al derecho internacional incluso en tiempos de conflicto armado. Paz y soberanía para Palestina. Acabemos con 80 años de ocupación, apartheid y genocidio a manos del sionismo e imperialismo. Paz y soberanía para el pueblo saharaui. Acabemos con la ocupación marroquí. Exigimos al gobierno español que asuma sus responsabilidades como potencia administradora y trabaje por un referéndum de autodeterminación. Paz y soberanía para Irán. Acabemos con décadas de acoso imperialista, sanciones y bloqueos. Paz y soberanía para toda la América latina, digna. Paz y soberanía para Cuba, ¡basta ya de bloqueo y agresión criminal!, y para Venezuela, sometida al chantaje imperialista. Exigimos, también, la puesta en libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores, secuestrados por el Imperio.

La paz es la única garantía del resto de los derechos, frente a la guerra, que es la negación total de los mismos. La paz es el derecho síntesis. Es erradicar la opresión, la violencia y el odio misógino. Afirmar con fuerza y sin retrocesos la justicia, la dignidad y la libertad de las mujeres. Esa es la paz.

Todo lo contrario a esto, bien lo sabe nuestro pueblo, es guerra. Violencia desde arriba que genera violencia por todos lados. Pobreza es violencia. Hacinamiento es violencia. Explotación es violencia. Desigualdad es violencia. Es violencia la guerra del fascismo internacional, su guerra contra los progresos de la humanidad, su barbarie, la guerra por todos los medios de una minoría erigida por la fuerza contra la mayoría

En estos momentos vemos como las guerras desatadas por el imperialismo, lejos de cesar, continúan y no paran de multiplicarse, en una escalada cada vez más peligrosa e imprudente que solo pretende sostener la dominación de EE.UU. y de los países alineados con su estrategia sobre el resto de la Humanidad. De Sudán a Ucrania cae un telón de destrucción, de barbarie y de muerte. A otra escala y por otros medios, el capital impulsa la misma guerra contra los trabajadores y las trabajadoras del centro imperialista, pretendiendo embaucarnos en su carrera suicida, pretendiendo que asumamos sacrificios. Aquellos que promueven y apoyan estas guerras son los mismos que pretenden sostener sus privilegios sobre la explotación y la dominación de la mayoría. Sus partidos, sus medios de propaganda y agitación, sus jueces, los rentistas, los fondos, los bancos, la patronal.

La guerra también son las divisiones internas, provocadas por diferencias tácticas, que hacen que se pasen por alto las tareas políticas que inexcusablemente impone el presente: el avance del fascismo, del militarismo y de la guerra, la destrucción de lo público, el ataque a la democracia y a la ciencia, a los derechos de las mujeres, de las personas racializadas, a la diversidad sexo-afectiva.

Sin embargo, los sectores más conscientes de la clase trabajadora y de las masas populares de nuestro país, con las luchas sociales de las últimas décadas y con la capacidad de articular frentes políticos de unidad han conquistado una posición de poder, que está permitiendo que nuestro país se venga situando en el lado correcto de la historia y que el BOE se tiña de rojo, menos de lo que necesitamos y queremos, pero más que nunca en la etapa democrática. Lo ha hecho a pesar de todos los esfuerzos de la reacción para impedirlo, del “atado y bien atado” y de “el que pueda hacer que haga”, de las divisiones, sectarismo y egos, venciendo las dudas. A pesar de los temores, de las hipotecas y de los frenos aportados por el PSOE cuando de avanzar se trata, como sucedió con la reforma laboral, con las primeras subidas del salario mínimo o en los primeros momentos ante el genocidio en Gaza.

Vamos a seguir avanzando ante este estado de cosas, vamos a luchar con todos los medios a nuestro alcance, se ponga delante lo que se ponga, para garantizar esta paz, esta paz total que permita vivir con dignidad y que llamamos socialismo, y convocamos a esta lucha a toda la gente que la quiera.

¡Viva el Primero de Mayo!

¡Viva la lucha de la clase trabajadora!

¡Viva la solidaridad internacionalista!

¡Por el socialismo, único camino hacia la paz y la justicia social!

miércoles, 29 de abril de 2026

QUIENES DEFENDEMOS EL DERECHO A LA VIVIENDA SUFRIMOS UNA DERROTA PARLAMENTARIA, PERO NO SOCIAL

Protesta junto al Congreso durante el pleno que debate y vota
el decreto ley que prorroga los contratos de alquiler
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Partido Populart, Vox y Junts, y la abstención del PNV rechazan la prórroga de alquileres es rechazada en el Congreso

Quienes se excusan en la inseguridad jurídica son cómplices de la inseguridad humana en la que viven millones de inquilinos

Durante este último mes se ha demostrado algo muy importante: sí se puede intervenir para proteger a la gente frente a la crisis de la vivienda.

La moratoria de alquileres ha evidenciado que existen herramientas eficaces cuando hay voluntad política. Casi un millón de personas la han solicitado en apenas unas semanas. Nadie puede decir ya que no era necesaria, ni que no había margen institucional para actuar.

También hay que hacer una valoración muy positiva de la organización social que se ha desplegado alrededor de esta medida: redes de apoyo mutuo, sindicatos de inquilinas, movimientos por el derecho a la vivienda y miles de personas movilizadas para informar, acompañar y pelear derechos.

Hoy la sociedad está más organizada y más fuerte que hace un mes.

Precisamente por eso, lo ocurrido en el Congreso es una mala noticia para millones de hogares. Partido Popular, Vox y Junts per Catalunya han decidido tumbar una medida útil, urgente y necesaria.

Una vez más, han optado por ponerse del lado de la especulación, de los fondos buitre y de quienes hacen negocio con un derecho básico, en lugar de proteger a quienes destinan una parte insoportable de su salario al alquiler.

Pero no basta con señalar a quienes han votado en contra. También ha quedado claro que el PSOE ha arrastrado los pies durante todo este proceso y no ha estado a la altura de la emergencia habitacional que vive nuestro país. Han faltado convicción, firmeza y voluntad de confrontar con los intereses que bloquean soluciones valientes.

No hay excusas posibles. Frente a una situación excepcional, los poderes públicos tienen la obligación de actuar. Y el argumento de que el nuevo Plan Estatal de Vivienda basta por sí solo no se sostiene. Ampliar el parque público es imprescindible, pero sus efectos tardan tiempo en llegar.

La crisis exige políticas a dos velocidades: medidas estructurales a medio plazo y respuestas urgentes e inmediatas para proteger ya a quienes no pueden esperar. Son caminos complementarios, no excluyentes.

Es una derrota parlamentaria, pero no una derrota social.

La lucha por la vivienda digna ha ganado fuerza, legitimidad y organización. Se ha demostrado que las propuestas sirven y que mejoran la vida de la gente. Ahora toca seguir empujando dentro y fuera de las instituciones, sostener la movilización y continuar peleando para que medidas como esta vuelvan a abrirse paso.

Porque cuando un derecho se conquista como necesidad colectiva, tarde o temprano acaba imponiéndose.

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viernes, 24 de abril de 2026

40 AÑOS DE IZQUIERDA UNIDA

 

Hay momentos en los que la memoria no es solo recuerdo, sino una forma de orientarse. De saber de dónde venimos para decidir, con mayor claridad, hacia dónde queremos ir.

Este año, el 25 de abril, se cumplen 40 años de la fundación de Izquierda Unida. Cuatro décadas de un proyecto colectivo que nació con la voluntad de construir una sociedad más justa, más democrática y en paz. Un proyecto que ha atravesado distintos momentos históricos sin perder aquello que le daba sentido: la defensa de lo común y el compromiso con la mayoría social. 40 años después, seguimos aquí.

Seguimos defendiendo la paz frente a la guerra, el diálogo frente a la imposición y la cooperación entre pueblos frente a la lógica de bloques y confrontación. Porque si algo define a Izquierda Unida desde su origen es su compromiso firme con un mundo más justo, más solidario y más humano.

Estos 40 años son, sobre todo, una historia colectiva. La de miles de compañeras y compañeros que han sostenido este proyecto en los momentos fáciles y, sobre todo, en los difíciles. La de quienes han estado en las instituciones, pero también —y especialmente— en las calles, en los centros de trabajo, en los barrios y en los movimientos sociales

Izquierda Unida ha sido una herramienta útil para la gente trabajadora. Una organización que ha sabido resistir, adaptarse y seguir siendo necesaria. Y lo ha hecho manteniendo una coherencia clara: estar siempre del lado de la mayoría social, defendiendo derechos, servicios públicos y democracia.

Hoy, cuando el mundo vuelve a asomarse a lógicas de guerra, cuando las desigualdades se agrandan y cuando el fascismo intenta abrirse paso cuestionando derechos conquistados, reivindicar estos 40 años es también una forma de decir que seguimos siendo imprescindibles.

Que hay futuro si hay organización, que hay esperanza si hay proyecto colectivo, que hay alternativa si hay izquierda y que sin militancia no hay transformación posible. Por eso queremos que este aniversario no sea solo una mirada al pasado, sino también un acto de afirmación política y de impulso hacia adelante.

Queremos contar con quienes, de una forma u otra, habéis estado estos 40 años en la lucha, en las movilizaciones y en cada paso adelante y que, por tanto, formáis parte de la historia de Izquierda Unida: de su pasado, de su presente y de su futuro

Un abrazo fraternal 

 Antonio Maíllo